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El premio de Alexander.

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Annotation

Dirigir Limbo Índigo, una de las industrias hoteleras más exitosas del país, no es tarea fácil. Pero Alexander Maddox ha aprendido a cargar con la presión… y a ocultar sus propios secretos. Tiene una vida perfecta a los ojos del mundo: poder, dinero y prestigio. Sin embargo, la felicidad sigue siendo su mayor negocio pendiente. Mariana Scott es una mujer decidida, elegante y segura de sí misma. Sabe lo que quiere y no teme usar cualquier arma para conseguirlo. Competitiva, ambiciosa y encantadoramente peligrosa, no está acostumbrada a perder. Su hermano gemelo, Valen, es su opuesto en todo: amable, dulce, romántico y tan transparente como el agua. Ambos trabajan para Alexander Maddox, pero su mundo se tambalea cuando el atractivo empresario se convierte, sin saberlo, en el centro de una guerra entre ellos. Lo que empieza como una simple provocación, pronto se transforma en una apuesta. Una seducción. Un juego sin reglas. Mariana está decidida a ganar. Valen no puede permitirlo. Pero ninguno imagina que, en el amor, el premio más grande puede ser también la perdición. La guerra de seducción ha comenzado… ¿Quién se quedará con el corazón del hombre más deseado? ****** Obra registrada en Safe Creative. No se permite copia total o parcial. Ante cualquier tipo de plagio, se tomarán las medidas necesarias.

Introducción.

Llevaba varios minutos con la mirada perdida, su mente divagando entre recuerdos del pasado, de sus padres. Habían sido felices los tres. Pero gran parte de la felicidad acabó hace siete años atrás cuando la desgracia cubrió los titulares del noticiero de las cinco de la tarde: «Trágico accidente aéreo internacional. El avión Airbus A330 de la empresa Iberia, correspondiente al vuelo 753, sufrió fallas de motores desconocidos y acabó cayendo sin control a pocos kilómetros del aeropuerto Logan International Airport de la ciudad de Boston, Estados Unidos. Sucedió este mediodía y, lamentablemente, debemos informar que no hubo sobrevivientes...». Recordaba haberse quedado en estado de shock por horas, tratando en vano de procesar la noticia. Fue el peor momento de su vida y todavía dolía demasiado.

Toda su vida había modificado desde entonces y tuvo que aprender a convivir con la pérdida más grande de su vida y con un dolor que, por momentos, parece hacer añicos su corazón. Pero el tiempo hizo lo suyo, ayudó. 

Hoy en día es uno de los empresarios más exitosos en la industria hotelera. Dueño del imperio hotelero, Limbo Índigo, Alexander Maddox es considerado el tercer empresario multimillonario más joven de España. Pese a las circunstancias que lo dejaron a cargo de la empresa familiar, a Alexander le gusta su trabajo. Estar al mando de la cadena de hoteles de cuatro y cinco estrellas es tan bueno como eficaz, y lo mantiene ocupado todo el día. Es una rutina agradable y no es como si se considerara un trabajólico, aunque está cerca de serlo. Alexander prefiere más su lema: "si no trabajo, las personas no tendrán trabajo". Respecto a su vida privada, bueno, no es tan agradable como estar al mando de Limbo.

Saltó de relación en relación. Romances cortos, no porque Alexander lo quisiera, sino porque las chicas con las que salió se interesaron más por su posición social, por lo material y por lo que podían conseguir de él y no por lo que él es realmente. Alexander es un buen hombre, gentil, amable, apuesto, guapo y muy s*xy. Una sonrisa encantadora y unos ojos color miel que emanan dulzura, pero ninguna mujer ha podido ver más allá de sus tarjetas de créditos y su coche deportivo, de sus trajes caros o de su empresa. Por el momento está solo y lo prefiere así. Sin embargo, no pierde la esperanza de conocer a la persona indicada con quien tener una relación estable y formar una familia. La idea de algún día casarse y tener hijos suena muy bien para Alexander y espera paciente por esa persona con quien conseguir todo eso y más. El amor, por el momento, no ha tocado su corazón. 

Pensándolo, sería un poco complicado si esa persona indicada resultara ser...

—Disculpe por molestarlo, señor, pero el señor Miller lo está esperando para ir a almorzar. 

Alexander pestañeó y centró la mirada en unos hermosos ojos color azul bebé y en una sonrisa afable. Mariana Scott posiblemente era una de las mujeres más hermosas que había conocido en la vida. Cabello rubio, lacio y con un largo hasta mitad de la espalda, ojos color azul bebé, cejas finas, pestañas largas, nariz respingada y labios llenitos. Todo enmarcado por un rostro ovalado... La hacía una mujer hermosa y llamativa, por no mencionar su cuerpo de ensueño, con curvas que la hacían parecer más a una muñeca barbie. Una mujer muy atractiva y sensual. Pero Alexander no podía verla con otros ojos, pese a poder hacerlo si quisira.

—Gracias, Mariana. Dile a Miller que en unos minutos estaré con él —profirió, esbozando una sonrisa cortés.

—Por supuesto, señor. 

Cuando Mariana salió de su oficina, Alexander se quedó mirando la puerta cerrada. Frunció un poco el ceño, encontrando extraño que no fuera su asistente quien le avisara que Miller lo estaba esperando. Restó relevancia y se irguió de su cómoda silla. Cualquier pensamiento nostálgico respecto a sus padres fue dejado a un lado. 

Aprovecharía el almuerzo para distraerse y no pensar en cosas que le hacían doler el corazón. 

(…)

Si había algo que a Mariana Scott le fascinaba, eran esos momentos en los que podía comerse con los ojos a su "jefe". Consideraba al hombre su sueño húmedo personal y no era nada tímida en fantasear con él, sin importarle nada ni nadie a su alrededor.

Mariana estaba segura de que podría tenerlo en su cama si el empresario no fuera tan despistado. Además, sabía que poseía las armas perfectas para seducirlo. Ningún hombre había sido capaz de no mirarla y siempre conseguía lo que quería de ellos. Tuvo varios romances y con cada hombre fue lo mismo: les sacaba el máximo provecho. Y ahora quería lo mismo con Alexander Maddox. El problema, al parecer y según Mariana, era la estúpida política implícita de no relaciones amorosas entre jefe y empleados en la empresa. Absolutamente ridíc*l*.

Prólogo.

Mariana exhaló un suspiro cuando vio al empresario Maddox salir de su oficina y mirar hacia el escritorio de su asistente personal. 

«Mírame a mí y no un lugar vacío. Soy yo quien está aquí». Como si le leyera el pensamiento, el empresario volteó a verla y Mariana tuvo que hacer un esfuerzo y no saltar sobre el s*xy hombre. 

—Llamó el señor Benedetti. Se tuvo que ir a buscar unos documentos a su oficina, señor —acató, con un resoplido disimulado.

—Bien. Cuando regrese, dile que deje esos documentos sobre mi escritorio, Mariana.

—Sí, señor. —«Pídeme lo que quieras, guapo», pensó. Mantuvo su rostro serio, pese a sus pecaminosos pensamientos y sonrió amable—. ¿Necesita algo más, señor?

—No, gracias, Mariana. Eres muy atenta. 

«Puedo ser mucho más atenta, señor s*xy»

La puerta a su izquierda se abrió y Mariana miró en torno al hombre que salía de la oficina. El vicepresidente de Limbo Índigo, Mil

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