
Sueños mortales
- Genere: Paranormal
- Autore: Edgar Romero
- Capitoli: 23
- Stato: In corso
- Classificazione per età: 18+
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Sinossi
¿De qué es capaz la mente humana? ¿Qué pasaría si alguien logra dominar los pensamientos de los seres humanos y logra convertirlos en títeres de pérfidos planes? La pintora Marisela Karadayi es una artista en ciernes que intenta abrirse paso en el mundo del arte pero es asaltada por repentinas pesadillas que, empero, se convierten en fuente de inspiración de sus dibujos y lienzos, sin imaginar que luego esos dibujos y pinturas conllevarían la muerte a las mismas personas que aparecieron en sus terribles y espantosos sueños. La vida de Marisela se trastornará por completo y eso afectará a su marido, psicólogo de profesión, y de sus principales amistades y hasta su trabajo de artista. ¿Qué es lo que realmente ocurre? ¿Alguien invadió la mente de Marisela para provocar la muerte de otras personas? ¿Acaso hay una epidemia de suicidios en la ciudad motivados por los cuadros de Karadayi? "Sueños mortales" es una novela apasionante, diferente, intrigante y de mucho suspenso que atrapará al lector de principio a fin.
Capítulo 1
Me desperté asustada, temblando, sudando frío, despeinada, empalidecida, respirando con dificultad y sentía, además, relámpagos estallando en mi cabeza y también fortísimas campanadas martillando mis sesos. No era la primera vez que tenía esa sensación tan fea, sin embargo ahora era diferente, más intensa, asfixiante y angustiante, tanto que me sentía asfixiada. Me levanté apurada y fui a mi mesa de dibujo que está en el dormitorio y prendí la lamparita. Me sobé los ojos con furia. Tenía una imagen claveteada en medio de mi mente, una mujer alta, rubia, hermosa, de cabellos lacios y la mirada celeste, con una sonrisa mágica y cautivante. Me pareció maravillosa, demasiado hermosa como una divinidad helénica y que debía pintarla. Tomé, entonces, mis lápices y empecé a delinear de prisa, haciendo un boceto, antes de que se me borrar la imagen de la cabeza, aunque en realidad la chica esa era una importa que estaba sellada delante de mis ojos.
Mi marido se molestó. -Échate a dormir, mujer, me fastidia que estés levantada-, protestó enfadado, pero yo no le contesté ni le hice caso, seguí dibujando apurada, tratando de pincelar todas las facciones de la mujer que había asaltado mis sueños, de repente, emergiendo en mis pensamientos como una sirena saliendo de un paradisíaco oasis o una golondrina volando rauda en mi cielo, regalándome su magia, belleza y poesía.
No volví a la cama porque estaba muy afanosa dibujando y pintando, hasta que finalmente quedó listo el boceto, justo cuando el Sol ya se alzaba bostezando y la noche se iba desapareciendo. Mi esposo refunfuñó una vez más. -No me dejaste dormir, mujer-, me regañó severamente, súper enfadado, mientras se iba al baño para ducharse.
-Hay ropa limpia en tu cajón de la cómoda.-, le dije, mordiendo mi lengüita, pintando de amarillo los pelos de la mujer, dándole forma a los pómulos, recreando las manos suaves, largas, muy bonitas de mi sueño y la sonrisa enigmática, que me deslumbraba y fascinaba. Cuando terminé, quedé infinitamente contenta y maravillada. El dibujo me salió exacto de la mujer que había visto en mis sueños, con sus formas, sus pechos grandes, emancipados en la blusa y las caderas enormes, amplias, provocativas y muy sensuales. Corrí a la cocina para atender a mi esposo.
-¿Qué es lo que has dibujado ahora? ¿Un cíclope, un murciélago o un unicornio?-, hizo mofa mi marido mientras le servía el desayuno que a él tanto le encantaban: huevos revueltos. Compré pan crocante y le hice, además, café con leche.
-Una mujer-, le dije contenta y satisfecha.
-¿En serio? ¿Un auto retrato tuyo?-, se interesó.
-No, una mujer hermosa-, le dije riéndome
-Seguramente debe ser alguna actriz que viste en la televisión o una joven que se cruzó contigo en el mercado o en las calles, ya sabes que las imágenes se quedan siempre en la inconsciencia y afloran en el momento menos pensado-, me dijo Jonathan. Él es psicólogo, trabaja en una clínica y es muy estimado por sus jefes.
-Debe ser, pero estoy segura que mi dibujo será un éxito-, le subrayé convencida y emocionada a la vez.
-Para mí eres exitosa como esposa-, me dijo Jonathan, abrazándome, besando mis labios y acariciando mis pelos. -Lo malo es que no me dejas dormir nunca-, volvió a arrugar la nariz. Yo me reí. -Idiota-, le dije sin dejar de reírme.
Después que Jonathan se fue a la clínica llamé a mi promotora. -Ya tengo la nueva pintura que me pediste para la galería, Mónica-, le anuncié muy contenta.
-Eres una máquina, Marisela-, echó a reír mi amiga entusiasmada.
*****
-Le asestaron diez puñaladas-, dijo la teniente Miriam Cannon, revisando una vez más el cuerpo de la mujer, tendido en medio de un callejón baldío, entre sombras y basurales.
El capitán Jones se empinó. -Era muy hermosa-, lamentó. Cannon no encontró documentos, pero la fémina tenía dinero en su bolsa y llevaba sus joyas intactas, incluso un anillo carísimo y un dije de oro.
-Un crimen pasional, capitán-, se aventuró Cannon en su veredicto. Todos los hechos apuntaban que la habían matado por razones pasionales.
-Son muchas puñaladas, estamos frente a un caso típico, podrían ser celos, despecho o venganza-, aceptó Jones. Generalmente ese tipo de crímenes son muy sádicos, vehementes y subrayados por la violencia extrema.
-Averigua su nombre, detienes al novio o al esposo o al amante de la mujer, es nuestro principal sospechoso-, suspiró Jones.
Cannon se sacó los guantes y ordenó a los forenses continuaron con su trabajo en busca de huellas y evidencias. -No debemos descartar un asesino en serio, tampoco, capitán-, juntó los dientes la teniente. Ella pensaba que el sujeto asesino de esa mujer podría ser también un desquiciado que posiblemente mataría a más mujeres.
-Por supuesto que no, Miriam, sino que siempre se debe actuar con lógica, no dejarse llevar por coincidencia-, dijo Jones en torno a la muchacha asesinada. Encendió su auto y marchó de regreso a toda prisa a la comandancia.
Cannon siguió viendo el cuerpo de la mujer y sopló su enfado. -Qué crueldad-, dijo suspirando muy dolida.
*****
Mónica estaba encantada con mi pintura. -¡¡¡Bellísima, bellísima, bellísima!!!-, repetía una y otra vez, admirada y alborozada, viendo mi trabajo acabado. -Esta mujer es hermosísima. ¿Quién es? ¿Una modelo?-, abanicaba entusiasmada sus ojitos mi promotora encandilada y maravillada por mi dibujo. Lo había hecho en *p*n*s cuatro horas y ahora la pintura lucía en el vidrio y un marco de cedro, muy elegante, lista para ser exhibida en la galería de arte de ella.
-No sé, la soñé je je je-, sonreí.
-Se ve tan real esa mujer que ahorita me habla, je je je-, no dejaba de reír mi amiga eclipsada por mi dibujo.
De inmediato ella y yo lo colgamos en una de las paredes de la galería. La bauticé como "Ensueño" y Mónica se encargó de cotizarla. -¿No crees que estás pidiendo mucho dinero por mi cuadro?-, me azoré.
-Al contrario, es muy poco por tu estupendo trabajo, Marisela. Eres una pintora excelente, tus obras deberían valer millones, este trabajo es excepcional-, me dijo contenta. Mónica es la que más me alienta en el arte. Ella dice que yo tengo muchas condiciones para triunfar como artista. Yo dibujo porque me gusta y el dinerito de la venta de mis cuadros nos ayuda bastante para cubrir los gastos de la casa. Con mi marido pensamos tener familia en breve y queremos comprar una casa más grande, con jardín y porche.
Belmond, el mayor entendido en arte del país, siempre adusto, malhumorado, renegón y con la cara ajada eternamente, se detuvo frente a mi cuadro. Él es una especie de gerente en la galería de mi amiga Mónica. El tipo que se encargaba de los contratos, contactar a los compradores y además los pagos a los artistas cuando logran vender sus creaciones. Es también un reconocido crítico de arte, una voz autorizada en el ambiente.- ¿Es tu auto retrato, Karadayi?-, me preguntó. Yo también soy rubia y de ojos celestes, muy parecido a la chica que pinté. -No, es una mujer que soñé anoche, je je je-, reí de buena gana.
-Está bonita-, no más dijo y se fue a chequear los otros cuadros de la exhibición.
-Pensé que Belmond ya liba a comprar mi cuadro grrrrrrrrrr-, renegué furiosa. A Mónica le dio mucha risa. -Ese viejo no es más ávaro porque se cosió los bolsillos para que no se le caigan las monedas-, dijo mi amiga y las dos estallamos en risotadas, tanto que los otros artistas nos pidieron silencio enfurecidos por interrumpir sus creaciones.
Mi pasión por el arte lo tenía desde niña, desde mis años escolares, cuando hacía mis tareas escolares y dibujaba con mucho ahínco héroes, batallas, ciudades y episodios de la historia. -Algún día seré como Monsieur Étienne Janvion, mi máximo ídolo-, decía yo orgullosa de mis dibujos. Yo admiraba a Janvion por su estilo tan pulcro, real, de trazos firmes y colores brillantes. Yo soñaba de que algún día podría conocer a Janvion y decirle en persona que admiraba y veneraba con devoción, y que él que me inspiró a convertirme en artista. Tenía sus libros, recortes y revistas con sus trabajos y soñaba e ilusionaba en exponer algún día en París.
-Algún día lo lograrás, Marisela, continúa siendo tenaz y persistente-, me recomendaba siempre Mónica.
Capítulo 2
La exhibición y venta de obras en la galería fue en la noche. Le dije a Jonathan que volvería tarde a la casa. -Espero vender mi cuadro, nos caería muy bien ese dinerito porque tenemos muchas deudas-, le dije por el móvil.
-Por supuesto, mi amor, ten confianza, yo voy a llegar más tarde aún, casi de madrugada, porque tenemos una reunión de directorio en la clínica-, me dijo él siempre tan afable y lindo. Yo me había puesto un vestido súper entallado, con escote y abertura al medio. Mónica, en cambio lucía un atuendo más reservado, con un vestido amplio y elegante. -¿Vienen a ver tus cuadros o a ti?-, me reclamó ella viéndome tan s*xy, luciendo mis curvas, mis pechos y mis sentaderas pronunciadas. -Todo vale en el amor, la guerra y el arte-, no dejaba yo de reírme.
Mónica no se equivocó. Mi cuadro acaparó de inmediato a los visitantes a la galería. Todos estaban fascinados con la belleza de la mujer que pinté de mi sueño. -¡¡¡Exacta!!!-, -¡¡¡Maravillosa!!!-





